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“Existe una insensibilidad hacia los trabajadores, en sus padecimientos laborales y en las maniobras del diagnóstico”

Nos habíamos quedado en Uralita. ¿Cuántas fábricas tenía Uralita en España? Nos recuerda los datos más básicos de la empresa. ¿Sigue funcionando?

El número de fábricas, depende de la época considerada. Inicialmente fue sólo una, la de Cerdanyola; la de Sevilla, comenzó a fabricar en 1947, etc. Algunas comenzaron siendo propiedad de algunas de las competidoras, terminando por ser absorbidas por el Grupo Uralita. Aparte de las mencionadas, tendríamos las de Castelldefels, Córdoba, Vicálvaro, Valladolid, Quart de Poblet, Getafe, Alcázar de San Juan…

En general, ya no funciona ninguna, y en cualquier caso, no con amianto, cuyo uso industrial está prohibido, al igual que ocurre con todas las otras naciones de la Unión Europea. El Grupo Uralita continua con la fabricación y comercialización de otros materiales de construcción, que nada tienen que ver ya con el amianto.

Uralita es y ha sido una transnacional dedicada a la fabricación o distribución de materiales para la construcción, cuya “columna vertebral” fue, en su momento, el amianto-cemento, aunque, viendo su web actual, pueda parecer que se trató casi de una actividad anecdótica o marginal. Es una de las pocas multinacionales del amianto-cemento, que después del “aguacero” de noticias negativas sobre el amianto, ha optado por seguir manteniendo la misma marca, en vez de cambiársela, como han hecho otras empresas, tanto o más relevantes que ella, en su misma actividad de un pasado más o menos reciente.

Es raro. ¿Por qué esta aparentemente arriesgada opción comercial? ¿Uralita no tiene mal nombre entre la ciudadanía?

Sólo podemos hacer conjeturas. Parece ser que, a diferencia de ocurrido en otras naciones, con, por ejemplo, la marca “Eternit”, aquí, hasta el presente, no ha debido de haberse producido un deterioro similar en la percepción social del nexo de la marca con las letales consecuencias del tipo de productos fabricados bajo la misma.

Por cierto, ¿qué fue o que es el Centro Nacional del Amianto?

No conozco ningún “Centro Nacional del Amianto”. Quizás haya querido referirse a la “Comisión Nacional del Amianto”, que sí existió, primero como ente privado, creado por Uralita y los representantes sindicales de sus trabajadores, y después funcionó ya como órgano consultivo de la administración pública, e integrada por representantes de la patronal del sector, por los de los sindicatos, y por los de la propia administración pública, y que actualmente permanece viva, aunque quizás algo lánguida. Pertenecí a dicha Comisión, siendo uno de sus fundadores, pero exclusivamente en la susodicha etapa primera.

¿Usted se carteó con las principales figuras nacionales e internacionales en la investigación del amianto? ¿Con quiénes?

Efectivamente, así fue. Mi sindicato, Comisiones Obreras, puso a mi disposición dos secretarias, que dedicaban todo el tiempo que le dejaban libre otras actividades, para mecanografiar las cartas, en una época en la que no existían los ordenadores, ni Internet, ni las bases de datos, ni buscadores como Google, etc.

Los nombres de los consultados (muy numerosos), quizás por sí mismos no resulten significativos para quienes no conozcan la bibliografía del asbesto, pero citaría, por ejemplo, a Barry Castleman, a Irving J. Selikoff, a Henri Pezerat, a Luís López-Areal del Amo, a Adalberto Donna, a Tibor Zoltai, etc., etc.

¿Qué es eso del enfoque local contextualizado?

Que los conocimientos adquiridos en el ámbito local, sobre el terreno, diríamos, tienen que ser puestos en relación y enriquecimiento mutuo con el conocimiento erudito y académico general y teórico, y que, a su vez, este último también ha de ser relacionado con ese otro conocimiento empírico que suministra la práctica sindical y del activismo ecológico, para que ambas modalidades de conocimiento puedan rendir sus mejores frutos intelectuales y de servicio a la sociedad, en general, y a los asalariados, en particular.

Otro nudo epistemológico de interés que no siempre se recuerda. Se comenta que su informe destaca el reduccionismo de la maestría y sus puntos de vista descontextualizados. ¿Nos explica sus críticas?

En innumerables ocasiones se aprecia una insensibilidad hacia las propias vivencias de los trabajadores, en lo que son sus padecimientos laborales, y en las maniobras del diagnóstico. Pongamos un ejemplo.

Póngalo por favor.

Se le requiere al trabajador, para que se masturbe, a fin de examinar la calidad de su licor seminal, y la posible afectación de la misma, a causa de la exposición a un contaminante industrial. Esto no es un ejemplo inventado. ¿Cómo no cuestionar la licitud ética de tal tipo de prácticas?

Entiendo que usted la cuestiona.

En cuanto al reduccionismo, pongamos otro ejemplo: el de la afectación por placas pleurales, cuando no concurre una paralela reducción de la capacidad vital, siendo ello motivo, en nuestro país, de que no se concedan indemnizaciones en tal supuesto. Los jueces son los que toman la determinación, pero lo hacen en base a los informes que emiten los médicos, que habitualmente sólo atienden a lo somático.

Con todo ello, lo que se le concede al empleador es el poder omnímodo y sin límites ni fronteras, a modificar, a su conveniencia, la estructura corporal de sus operarios, de forma permanente e irreversible.

¿Se pueden imaginar siquiera, todos estos señores, la inmensa angustia que se genera en no pocos sencillos trabajadores, sin mayores conocimientos médicos, y afectados por las placas pleurales, incluso en ausencia de cualquier otro síntoma?

Estoy seguro, de que si las placas pleurales sólo afectaran a una ínfima minoría, en vez de ser el síntoma de más amplia difusión entre los expuestos, esta situación posiblemente ya habría tenido derecho a indemnización entre nosotros, al igual que ya ocurre en otras naciones.

Qué decir, por otra parte, de las pruebas dinámicas, para determinar la capacidad para el esfuerzo físico. Con nuestra fantasía, podemos imaginarnos a un jadeante cincuentón, agriamente increpado por el examinador, que le informa, de malos modos, que hay que volver a repetir la prueba, porque el examinado no está cooperando adecuadamente…

También este punto es importante. ¿Por qué los médicos sólo atienden a lo somático? ¿Por qué esas maneras que usted critica? ¿Está usted señalando un sesgo de clase empobrecedor en la, digamos, “neutral” mirada científica de los médicos?

Para empezar, el cuadro oficial de enfermedades profesionales, ya presupone un reduccionismo ramplón y cicatero, que deja fuera a patologías que en otras legislaciones de naciones de nuestro mismo entorno occidental, están reconocidas como determinante automático de un derecho a indemnización. Es el caso, por ejemplo, de las placas pleurales (en ausencia de alteración de la función pulmonar), de la fibrosis retroperitoneal, del daño moral (en ausencia de afectación somática), o del cáncer de laringe asociado a la exposición al asbesto. Añadamos, además, a todas aquellas otras patologías que, pese a haberse podido establecer un nexo, inespecífico pero real, con la exposición al amianto, ninguna legislación, incluida la española, reconoce un derecho indemnizatorio para las mismas. Es el caso, por ejemplo, del cáncer de ovarios, del osteosarcoma extraesquelético de pleura, peritoneal o retroperitoneal (y también, en general, de las calcificaciones extra-pleurales), de la fibrosis mediastínica o retroesternal, de las atelectasias redondas, de las placas peritoneales, de las adherencias pleurales, de la pericarditis constrictiva no neoplásica o fibrosis pericárdica, de las adherencias pericárdicas, de las bronquiectasias por tracción, o, en general, de las alteraciones del sistema inmunológico, inespecíficamente asociadas a la exposición al amianto, como es el caso, por ejemplo, de la gammapatía monoclonal de significado incierto, etc. Ese reduccionismo de partida, asentado en la propia legislación aplicable, condiciona, cual anteojeras, a la actitud subsiguiente de muchos médicos, formándose así un círculo vicioso.

Lo que usted apunta en su pregunta, ciertamente, también cabe considerar que está operando, en una discreta penumbra.

¿Usted abogaba en los 80 por el fin del empleo a tiempo parcial y del trabajo temporal? Si es así, no parece que le hayan hecho mucho caso.

Ni en eso, ni tampoco en otras muchas cuestiones, ni a mí personalmente, ni tampoco a mi sindicato, Comisiones Obreras. De nuestras propuestas, tanto ante la administración pública, con ocasión de que se creara la primera legislación específica sobre amianto, como ante la OIT, pues sólo una minoría de nuestras demandas quedó aceptada, y no precisamente las propuestas más avanzadas, innovadoras o bien fundamentadas.

¿Por qué expresó su preocupación, desde la perspectiva que estamos comentando, el regreso de emigrantes a nuestro país?

Porque, ausentes de toda información solvente, y sin ser censados, cada cual regresaba a su respectivo terruño, sin ningún tipo de control médico ni registro, quedando inermes e ignorantes, al aguardo, sin saberlo, de que al cabo de los años afloraran unas patologías “extrañas”, cuya etiología no sospecharían, ni posiblemente nadie les iba a aclarar, dejándolos inermes e indefensos, sin ninguna posibilidad, en la práctica, de poder formular una demanda judicial a su empleador, la empresa extranjera que en su día requirió de sus servicios. Ese vaticinio, desgraciadamente, se ha debido de cumplir íntegramente, si atendemos a los escasos indicios que de todo ello nos han llegado. No han sido pocos, los hombres y mujeres concernidos por esta cuestión.

¿Qué medidas tomó el primer gobierno PSOE sobre la industria del amianto? Habla de ellas en este apartado.

Tiene el mérito indiscutible, de haber sido el primero en sacar adelante una legislación específica sobre amianto, dando en ello a los sindicatos una participación consultiva, de limitada eficacia práctica. En cuanto al desarrollo normativo de dicha legislación, el panorama cambió drásticamente, a peor, dado que el entonces Director General de Trabajo, el señor Zapata, fue de inmediato relegado al ostracismo de un puesto fuera del país, siendo substituido por quien, aparentemente, ni sabía, ni quería saber ni dejarse aconsejar. Los representantes de los trabajadores, aunque sin pruebas, teníamos la vehemente sospecha de que “una mano negra” había intervenido. No sería ni la primera ni la última vez en la que esa vaga sensación se volviera a tener, en lo relativo al amianto.

Y quiénes mantenían esa mano negra? ¿Las industrias del sector? ¿Algunos empresarios dinámicos y modernos?

La expresión “mano negra”, al igual que ocurre con la de “crimen perfecto”, constituyen un oxímoron, esto es, una contradicción en sus propios términos. Si ya ha sido identificado como crimen, ya no es perfecto. Si la mano es negra (denotando opacidad), ya no puede ser considerada como una mano usual, siempre susceptible de ser adscrita a un concreto individuo. Por tanto, con esa expresión lo que queremos significar, es que, aun sospechándolo, no podemos señalar a nadie en concreto, aunque en nuestro respectivo fuero interno, sí sepamos muy bien a quiénes nos estamos refiriendo, a quiénes estamos teniendo en mente, cuando estamos haciendo uso de esa expresión. Pero, obviamente, no podemos exteriorizarlo…

Usted abogó porque la salud ocupacional desempeñara un papel clave en la lucha y estrategia política de los sindicatos. ¿Cómo si no? ¿No se tenía acaso esta perspectiva? ¿Se mantiene esa mirada?

Con la boca pequeña, esas inquietudes creo que siempre han estado presentes. Otra cosa es hacerlas operantes en la práctica sindical, tanto en las empresas, como en el seno de las instituciones. Las dificultades siempre han sido muchas e importantes y, en esas condiciones, las tentaciones pueden resultar muy fuertes para optar por lo más cómodo. Siempre será más gratificante comunicar a la asamblea de trabajadores lo bien que lo hemos hecho, consiguiendo, por ejemplo, una mejora salarial, que no tenerles que hablar de cuestiones desagradables y “acongojantes”.

Tiene razón, no es nada fácil. ¿Quiere añadir algo más? Por cierto, Báez, Baquet. ¿cuál es su ascendencia?

Nada más que añadir. Soy hijo de una modista, andaluza de ascendencia catalana, y de un técnico en publicidad, también andaluz, descendiente de judíos portugueses.

Pasemos ahora a la Introducción de su libro ¿Le parece?

Vale.

[*] La primera, segunda parte, tercera y cuarta parte de esta entrevista pueden verse en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=184746http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185017http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185205 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185614

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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